
Yo aún tenía ese carné de cartón plastificado, bien cuidado y estiradito. Era casi un orgullo mostrarlo y muchas veces observé caras de sorpresa al verificar que tamaña antigüedad seguía vigente. Pero la vigencia acabó y mi viejo carné caducó junto con mis 33 años. Así que sin más remedio, me armé de paciencia, me maquillé con polvo antibrillo, me alisé el pelo como de peluquería y partí a realizar el trámite que tenía pendiente hace más de un mes.
A mi me habían advertido de la enorme cantidad de gente que se juntaba en el Registro Civil de Viña y que lo ideal era ir un día jueves muy temprano por la mañana; pero yo, cerdita-desobediente, hice caso omiso y llegué a eso de las 9:30 de un día miércoles.
- “Qué ‘asopá’ eres!!! Te dije que fueras el jueves”.
Sin tener argumento para rebatir semejante declaración, reconocí mi error con un tímido “mmm, pucha... si poh”. Total, yo ya estaba ahí con el número 90B en la mano, mientras en el módulo 6, estaban atendiendo recién al 14A. En fin, no me quejo: la espera fue entretenida, regalona y calórica. Luego, después de mucho, pero mucho rato, llegó mi turno.
El moderno trámite incluía foto digital, registro de huellas dactilares sin dedos entintados y firma electrónica con un lapicito mágico. Me pareció ridículo haber esperado 3 horas para un procedimiento que duraba 5 minutos. Pero ese no era el final del asunto. Faltaba la pregunta, cuya respuesta yo llevaba ensayada desde hace tiempo.
- "¿Quiere ser donante?"
Se me apretó la guata y los tres café-con-cuchufí que me tomé mientas esperaba, se me subieron hasta la garganta debido a la contracción. Por unos segundos pensé en mi muerte como en algo real, y como nunca antes, tuve conciencia de ella. No fui capaz de decir “sí”. Sacudí la cabeza de un lado a otro en forma de negativa y mi oportunidad de dar vida cuando ya no la tenga, se esfumó junto a mi peinado producto de la sacudida.
En la foto salí turnia, pálida y con el pelo ondulado. En 12 días más, debo retirar mi nueva cédula de identidad y dentro de los próximos años (los que restan para volver a renovar), espero desarrollar los ovarios que me faltaron hoy para decir “Sí, quiero ser donante”.